LA VIDA ES LO QUE PASA MIENTRAS TOMAS FOTOS / COLECCIONES

UN MEXICANO EN JAPÓN es un relato fotográfico que realizó Eduardo Castillo, con
su ojo de artista, de su estancia en aquel país. Sus imágenes exhiben detalles que,
para ojos no entrenados, pasarían inadvertidos; transportan a quienes nunca hemos
estado allá al corazón mismo de la vida cotidiana del pueblo japonés. Parecen hablar.
Ocasionan un diálogo sin palabras entre el espectador y personas anónimas que viven
tal como acostumbran, con el orden y la amabilidad que caracterizan su cultura.
Me encantó ir y contemplarlas. Llaman la atención. Estarán expuestas en Casa Cuatro
de Guanajuato hasta el 23 de julio.
Mentalmente comparé nuestro desparpajo y familiaridad en el trato, con la formalidad
que se aprecia en la foto donde dos mujeres de negocios se hacen entrega de algo con
ambas manos y una leve reverencia.
Experimenté la unión de lo antiguo y lo nuevo más el humor que caracteriza a Eduardo,
en la foto del monje de cabeza rasurada y ropa tal vez ceremonial que contempla una
pagoda, frente a la cual camina gente contemporánea que por su atuendo podría
transitar nuestras calles sin llamar la atención. Como detalle adicional, en la calva del
monje se forma una cara con ojos, nariz y sonrisa.
Podría seguir describiéndolas todas, pero creo que es mejor que quienes asistan a la
exposición se presenten sin ideas preconcebidas y permitan que las fotos les platiquen
en su corazón un diálogo que sea muy personal.
“La fotografía urbana requiere paciencia, buscar el encuadre perfecto y… volverte
invisible”, son palabras de Eduardo.
Él mismo nos contó que entre los japoneses le pareció relativamente fácil lograr dicha
invisibilidad y permitir que fueran las personas fotografiadas quienes se expresaran en
la imagen, debido a que la gente es muy amigable y no se asusta si “le apuntan” con
una cámara. Y yo pensé que…
Además de las características de los japoneses mencionadas por Eduardo, en las fotos
se nota que no hay intromisión del fotógrafo en el comportamiento de los personajes
fotografiados: ellos hacen lo que están haciendo sin poner atención a la cámara. Se
expresan a sí mismos como seguramente lo hacen cada día común y corriente.
Nosotros, mirando las imágenes, nos convertimos en testigos también invisibles de
cómo viven sus vidas.
El conjunto de las fotografías expuestas también me hizo reflexionar acerca de la
globalización que parece avanzar sin reversa. En este caso, por la ropa. Hace décadas
habría sido difícil imaginar a hombres y mujeres japoneses vistiendo a la manera
occidental. ¿Será posible que algún día la humanidad se asemeje entre sí no sólo en
su indumentaria, sino en su filosofía, en sus valores y en pensamientos más
particulares?


Ma Dolores Hernández
Periodico AM/ León, Gto
Martes 13 junio 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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